¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruïdo y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! 5 Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado. 10 No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera. 15 ¿Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado, si en busca de este viento ando desalentado con ansias vivas y mortal cuidado? 20 ¡Oh campo, oh monte, oh río! ¡Oh secreto seguro deleitoso! roto casi el navío, a vuestro almo reposo huyo de aqueste mar tempestuoso. 25 Un no rompido sueño, un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño vanamente severo de quien la sangre ensalza o el dinero. 30 Despiértenme las aves con su cantar süave no aprendido, no los cuidados graves de que es siempre seguido quien al ajeno abritrio está atenido. 35 Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo. 40 Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto, que con la primavera de bella flor cubierto, ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45 Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. 50 Y luego sosegada el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. 55 El aire el huerto orea, y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con un manso ruïdo, que del oro y del cetro pone olvido. 60 Ténganse su tesoro los que de un flaco leño se confían: no es mío ver al lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65 La combatida antena cruje, y en ciega noche el claro día se torna; al cielo suena confusa vocería, y la mar enriquecen a porfía. 70 A mí una pobrecilla mesa, de amable paz bien abastada me baste, y la vajilla de fino oro labrada, sea de quien la mar no teme airada. 75 Y mientras miserable- mente se están los otros abrasando en sed insacïable del no durable mando, tendido yo a la sombra esté cantando. 80 A la sombra tendido de yedra y lauro eterno coronado, puesto el atento oído al son dulce, acordado, del plectro sabiamente meneado. 85
terça-feira, 5 de maio de 2015
Vida retirada - Fray Luis de León
História Verídica
Um senhor deixa cair ao chão os
óculos, que fazem um barulho terrível ao bater nos ladrilhos. O senhor se
abaixa aflitíssimo por que as lentes do óculos custam muito caro, mas descobre
assombrado que por milagre elas não quebraram.
Agora esse senhor sente-se
profundamente grato, e compreende que o acontecimento vale por uma advertência
amistosa, de maneira que se dirige a uma ótica e compra logo um estojo de couro
acolchoado, com proteção dupla, como precaução. Uma hora depois deixa cair o
estojo e ao abaixar-se sem maior preocupação verifica que os óculos viraram
farelo. Esse senhor leva tempo para compreender que os desígnios da Providência
são insondáveis e que na realidade o milagre aconteceu agora.
Julio Cortázar
O Jornal e suas metamorfoses
Um senhor
pega um bonde após comprar o jornal e pô-lo debaixo do braço. Meia hora depois,
desce com o mesmo jornal debaixo do mesmo braço.
Mas já não é
o mesmo jornal, agora é um monte de folhas impressas que o senhor abandona num
banco da praça.
Mal fica
sozinho na praça, o monte de folhas impressas se transforma outra vez em
jornal, até que um rapaz o descobre, o lê, e o deixa transformado em um monte
de folhas impressas.
Mal fica
sozinho no banco, o monte de folhas impressas se transforma outra vez em
jornal, até que uma velha o encontra, o lê e o deixa transformado num monte de
folhas impressas. A seguir, leva-o para casa e no caminho aproveita-o para
embrulhar um molho de celga, que é para o que servem os jornais após essas
excitantes metamorfoses.
Julio Cortázar
Assinar:
Comentários (Atom)